La ética como compromiso en el ejercicio del periodismo

La deontología y la autocensura juegan un papel importante en la vida de un periodista. De acuerdo a Bentham, Jeremy (p.15, 2004) la deontología es una rama de la ética, que forma parte de la filosofía que trata de la moral y de las obligaciones del hombre, cuyo objeto de estudio son los fundamentos del deber y de las normas morales que tienen los profesionales de una determinada materia. La deontología es conocida también bajo el nombre de la teoría del deber y, junto con la axiología, es una de las ramas principales de la ética normativa.

Por otra parte, la autocensura es el acto de los medios de comunicación, o quienes trabajan en éstos, de condicionar su labor como informadores o comunicadores por miedo a las persecuciones negativas que pueda traerles para sí. Ésta generalmente se genera luego de presiones por parte de los organismos oficiales y por presiones del medio, lo que ocasiona que el periodista decida no informar sobre los temas que le puedan generar conflictos.

Es importante destacar que la noticia no puede ser manipulada ni mucho menos utilizarse a su conveniencia, así lo afirma el artículo 3 del Código de Ética del Periodista Venezolano, así como también indica que las decisiones del periodista no deben afectar bajo ningún motivo la información.

El artículo 1 expone que el periodista tiene la obligación de cumplir con su ejercicio de tal manera que la sociedad esté informada sobre los hechos que la rodean, considerando dicho servicio sumamente importante para el desarrollo integral de la colectividad. El periodista como profesional debe asumir su deber de informar, al mismo tiempo que está obligado a un código de ética. Al ser el periodismo un servicio de interés colectivo, quien lo ejerce debe estar consciente de la responsabilidad que ésta requiere.

El artículo 4 señala que el periodista debe enfocarse en la búsqueda de la verdad, actuando de manera que este principio sea compartido por todos. Una sociedad bien informada es más consciente a la hora de tomar decisiones. Este artículo también sostiene que ningún hecho debe ser omitido ni manipulado, el periodista es vigilante de los sucesos generados en su entorno social y por tal razón no debe callar la verdad ni incumplir con su obligación.

Con el Código de Ética del Periodista Venezolano se demuestra el compromiso y la responsabilidad que éste como profesional asume ante la sociedad con la defensa de la verdad. Sin embargo, el periodista debe enfrentarse con factores externos a él que condicionan su ejercicio profesional como lo son las líneas editoriales de los distintos medios de comunicación social, impuestas por sus dueños y quienes a su vez, obedecen a intereses de tipo económico e ideológico, colocando al profesional de la comunicación en condiciones de vulnerabilidad.

El comunismo en Venezuela es una realidad

La revolución bolivariana desde sus principios ofreció el socialismo del siglo XXI, el cual jamás fue descrito más allá de hacerle propaganda. El objetivo del régimen siempre ha sido mantenernos pobres, en todos los sentidos. Teniendo en cuenta ésto, implantar un sistema comunista por vías electorales y pacíficas en un país con más de un siglo de tradición pseudo-capitalista era imposible, sobre todo porque no se lograba nada sino retroceder.

El comunismo está en contra del hombre libre, frustra la idea de pensar con libertad, expropia la posibilidad de ser dueño de su propio destino y, a cambio, le obliga a ser esclavo del estado y a pensar diferente a su naturaleza. Este sistema de gobierno trae consigo muertes, delitos y crímenes, cosas que se viven en Venezuela todos los días y que a sus representantes parece no importarle en lo más mínimo.

Chávez constantemente hablaba de libertad e igualdad y es ahí donde me generaba confusión. El concepto de “Libertad” y el de “Igualdad” nunca pueden ir juntos. Si todos debemos ser iguales, entonces no tenemos la libertad de superarnos. Si por el contrario, tenemos la libertad individual de superarnos, evidentemente no podremos ser iguales. El comunismo distorsiona el concepto del poder del pueblo para buscar destruir el natural derecho a la superación, poniendo a todo el colectivo en el mismo nivel, eliminando cualquier posibilidad de superación individual.

Ahora bien, hay ciertos aspectos que me llevan a concluir que se vive bajo esta doctrina. Por ejemplo que en los países comunistas manda un sólo partido. El líder del partido es elegido por su predecesor sin más información al respecto. Nadie sabe realmente por qué Chávez eligió a Maduro. Ni hablar de que el chavismo hiciera unas primarias para elegir a su próximo líder. Al menos no mientras Chávez estuviera vivo.

Existen también distintos medios de comunicación que sólo muestran información amistosa al régimen, como sucede con Venezuela, que hacen creer que se vive en el país de las maravillas en donde todo está perfectamente controlado. Claro que en todos los países los medios se cuidan de no transmitir información en contra del Gobierno, pero una cosa es ser leal a su país y otra es colocar una cortina de información. No se puede ocultar la realidad tan descaradamente.

Dado los controles gubernamentales, la medicina tampoco es la más eficiente. No enfermarse es el mejor plan de salud para sobrevivir. Como no hay aparato productivo, entonces no hay comida. Y como la comida es esencial para vivir, la única manera de “controlar” que no se acabe y que la población no termine en una hambruna es racionando. Todavía queda en Venezuela el principio de la propiedad privada, pero es sólo eso, un principio. Todavía quedan algunas empresas privadas que por trayectoria de décadas, aún siguen operando en Venezuela, lo cual daría la impresión de que no se está en comunismo.

Vivimos en un comunismo disfrazado de democracia, el Gobierno sólo se dedica a esquivar las cosas realmente importantes y centrar la atención en lo que les conviene. ¿Qué hay de todas las expropiaciones que han llevado a cabo? Una de ellas acompaña la muerte trágica del productor agrícola Franklin Brito, quien murió a consecuencia de una huelga de hambre esperando que le devolvieran sus propiedades. Las confiscaciones acabaron con la producción nacional y con las ganas y motivaciones de los empresarios de seguir trabajando para los venezolanos, además de aumentar el desempleo que provocó tan viles acciones.

El país se acostumbró con Chávez al trabajo fácil. Crearon mentes mediocres que se conforman con una miseria que le regalan sus “líderes”. Ahora con Maduro ya no hay nada que ofrecer, los pobres son cada día más pobres y los gobernantes son los nuevos ricos.

House Of Cards, una guerra entre políticos despiadados

Empecé a ver House Of Cards cuando ya estaba en su 2da temporada y luego de que un amigo me hablara tanto de ella. Me tenía harta así que le hice caso a pesar de que no confiaba en sus gustos de series. Para mi sorpresa, quedé enganchada completamente desde el piloto y ahora soy yo quien se la recomienda a todo el mundo.

Acá va una breve reseña:

La imagen que nos venden es clara: la política sucia y deshonesta. Ganadora de tres premios Emmy y dos Globos de Oro, House of Cards cuenta con un elenco increíble y con actuaciones impecables. El guión que se maneja envuelve una historia cautivadora cuyo ritmo te arrastra a ver el siguiente episodio y, es que con David Fincher y Kevin Spacey como productores, esta obra de Netflix no podía decepcionar.

Un thriller político que se centra en la figura de Frank Underwood, en donde Spacey se encarga de darle vida a través de hazañas que te dejan incrédulo y de ácidos y contundentes monólogos que le añaden personalidad a este ambicioso político. Tiene una asombrosa capacidad de manipular a cualquiera para satisfacer sus propias necesidades.

Pero Frank no está sólo, tiene a su lado a su esposa Claire (Robin Wright) que es tan codiciosa como él, por lo que juntos arman un auténtico equipo que no tiene miedo de llegar a la cima del poder. En ningún momento se advierte que detrás de las decisiones de estos personajes se encuentre el bien común y el interés de hacer de la vida de los ciudadanos algo mejor.

El atractivo principal de House of Cards es la manera cómo los políticos de Washington actúan como ratas que se pelean para conseguir un trozo de queso. Hay corrupción. Hay traición por parte de amigos que son peores que los enemigos. Hay ausencia de escrúpulos. Hay pasión. Es todo un drama, pero un drama bien hecho. El objetivo central es el poder y hasta dónde se es capaz de llegar por obtenerlo y mantenerlo.

Como siempre, la política va de la mano de la prensa. La serie nos invita a reflexionar sobre la ética periodística y cómo el periodismo se convierte en instrumento para alcanzar el poder político. Los altos cargos están corrompidos y la sociedad lo sabe perfectamente, como los periodistas que intentan sacar adelante su trabajo por muy difícil que sea. Ahí vemos a Lucas Goodwin, Janine Skorsky, Tom Hammerschmidt, Ayla Sayyad y a Zoe Barnes, quienes no la tienen nada fácil porque hay cosas que nunca tendrían que salir a la luz, pero ¿y si ocurren? Deben abstenerse a las consecuencias.

“Para los que escalamos a la cima de la cadena alimenticia no puede haber misericordia. Sólo hay una regla: cazar o ser cazado”. Frank Underwood se toma esta declaración al pie de la letra: quien se interponga en su camino, es destrozado. Punto.

¿Está bien matar un animal para salvar una vida humana?

La muerte del gorila de 17 años al que le dispararon en el Zoológico de Cincinnati ha causado una fuerte reacción en redes sociales. ¿Que los padres debieron prestar más atención a su hijo de cuatro años? ¿Que las autoridades del zoológico no debieron acabar con la vida del gorila para salvar al niño? Mientras que los defensores de los animales y muchos consideran la tragedia como una muerte injusta e innecesaria, la otra cara de la moneda demuestra lo contrario. Los accidentes ocurren y muchas veces hay que actuar de inmediato. ¿De qué lado de la polémica estás tú?

En este caso, sedar al gorila no resultaba una opción, porque la víctima estaba junto al animal, un disparo limpio era la única salida. Realmente no había tiempo de meditar estrategias, ya que por lo general la sedación dura unos minutos para que la sustancia entre en el torrente sanguíneo y con el impacto del dardo el animal hubiera podido agredir al niño.

No debemos ser padres para colocarnos en la situación de la madre que ahora es acusada de “irresponsable y descuidada”. Sabemos que basta con parpadear para que los más pequeños se pierdan de vista por lo curiosos que son y, en situaciones de pánico como éstas, a una madre no le interesa más nada sino la vida de su hijo.

Ahora bien, mi pregunta es: ¿Las medidas de seguridad del zoológico son tan pequeñas que un niño de 4 años puede quebrantarlas? Ésto deja claro que cualquier persona hubiese podido entrar al recinto del gorila. Quizás estamos obviando ese pequeño detalle.

Sin duda es lamentable la medida que tuvo que tomar el zoológico, pero su protocolo es bastante claro: “en caso de emergencia se dará prioridad a las vidas humanas”.