Asesinato del gorila Harambe ¿Realmente debía morir?

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La muerte del gorila de 17 años al que le dispararon en el Zoológico de Cincinnati ha causado una fuerte reacción en redes sociales. ¿Que los padres debieron prestar más atención a su hijo de cuatro años? ¿Que las autoridades del zoológico no debieron acabar con la vida del gorila para salvar al niño? Mientras que los defensores de los animales y muchos consideran la tragedia como una muerte injusta e innecesaria, la otra cara de la moneda demuestra lo contrario. Los accidentes ocurren y muchas veces hay que actuar de inmediato. ¿De qué lado de la polémica estás tú?

En este caso, sedar al gorila no resultaba una opción, porque la víctima estaba junto al animal, un disparo limpio era la única salida. Realmente no había tiempo de meditar estrategias, ya que por lo general la sedación dura unos minutos para que la sustancia entre en el torrente sanguíneo y con el impacto del dardo el animal hubiera podido agredir al niño.

No debemos ser padres para colocarnos en la situación de la madre del niño a la que ahora todo el mundo acusa como “irresponsable y descuidada”. Sabemos que basta con parpadear para que los niños se pierdan de vista con lo inquietos que son muchos de ellos. Y en situaciones de pánico como éstas, a una madre no le interesa más nada sino la vida de su hijo.

Ahora bien, mi pregunta es: ¿Las medidas de seguridad del zoológico son tan pequeñas que un niño de 4 años puede quebrantarlas? Ésto deja claro que cualquier persona hubiese podido entrar al recinto del gorila. Quizás haya sido ese el problema.

Sin duda es lamentable la medida que tuvo que tomar el zoológico, pero no se trataba de colocar la vida humana o animal por encima de la otra, sino de saber reaccionar ante una situación peligrosa que no ameritaba otra opción.

Ética como compromiso en el ejercicio del periodismo en Venezuela

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La deontología y la autocensura juegan un papel importante en la vida de un periodista. De acuerdo a Bentham, Jeremy (p.15, 2004) la deontología es una rama de la ética, que forma parte de la filosofía que trata de la moral y de las obligaciones del hombre, cuyo objeto de estudio son los fundamentos del deber y de las normas morales que tienen los profesionales de una determinada materia. La deontología es conocida también bajo el nombre de la teoría del deber y, junto con la axiología, es una de las ramas principales de la ética normativa.

Por otra parte, la autocensura es el acto de los medios de comunicación, o quienes trabajan en éstos, de condicionar su labor como informadores o comunicadores por miedo a las persecuciones negativas que pueda traerles para sí. Ésta generalmente se genera luego de presiones por parte de los organismos oficiales y por presiones del medio, lo que ocasiona que el periodista decida no informar sobre los temas que le puedan generar conflictos.

Es importante destacar que la noticia no puede ser manipulada ni mucho menos utilizarse a su conveniencia, así lo afirma el artículo 3 del Código de Ética del Periodista Venezolano, así como también indica que las decisiones del periodista no deben afectar bajo ningún motivo la información.

El artículo 1 expone que el periodista tiene la obligación de cumplir con su ejercicio de tal manera que la sociedad esté informada sobre los hechos que la rodean, considerando dicho servicio sumamente importante para el desarrollo integral de la colectividad. El periodista como profesional debe asumir su deber de informar, al mismo tiempo que está obligado a un código de ética. Al ser el periodismo un servicio de interés colectivo, quien lo ejerce debe estar consciente de la responsabilidad que ésta requiere.

El artículo 4 señala que el periodista debe enfocarse en la búsqueda de la verdad, actuando de manera que este principio sea compartido por todos. Una sociedad bien informada es más consciente a la hora de tomar decisiones. Este artículo también sostiene que ningún hecho debe ser omitido ni manipulado, el periodista es vigilante de los sucesos generados en su entorno social y por tal razón no debe callar la verdad ni incumplir con su obligación.

Con el Código de Ética del Periodista Venezolano se demuestra el compromiso y la responsabilidad que éste como profesional asume ante la sociedad con la defensa de la verdad. Sin embargo, el periodista debe enfrentarse con factores externos a él que condicionan su ejercicio profesional como lo son las líneas editoriales de los distintos medios de comunicación social, impuestas por sus dueños y quienes a su vez, obedecen a intereses de tipo económico e ideológico, colocando al profesional de la comunicación en condiciones de vulnerabilidad.

El comunismo en Venezuela es una realidad

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La revolución bolivariana desde sus principios ofreció el socialismo del siglo XXI, el cual jamás fue descrito específicamente más allá de hablar del mismo. El objetivo del régimen siempre ha sido mantenernos pobres, en todos los sentidos. Teniendo en cuenta ésto, implantar un sistema comunista por vías electorales y pacíficas en un país con más de un siglo de tradición pseudo-capitalista, era imposible. Sobre todo, porque no se lograba nada, sino retroceder. ¿Y qué presidente venezolano querría eso? Sólo Nicolás Maduro.

El comunismo está en contra del hombre libre. Frustra la idea de pensar con libertad. Expropia la posibilidad de ser dueño de su propio destino y, a cambio, le obliga a ser esclavo del estado y a pensar diferente a su naturaleza. Este sistema de gobierno trae consigo muertes, delitos y crímenes, cosas que se viven en Venezuela todos los días y que al gobierno parece no importarle en lo más mínimo.

El Presidente de la República constantemente habla de libertad e igualdad, y es aquí donde me genera confusión.  El concepto de “Libertad” y el de “Igualdad” nunca pueden ir juntos. Si todos debemos ser iguales, entonces no tenemos la libertad de superarnos. Si por el contrario, tenemos la libertad individual de superarnos, evidentemente no podremos ser iguales.

El comunismo distorsiona el concepto del poder del pueblo para buscar destruir el natural derecho a la superación, poniendo a todo el colectivo en el mismo nivel, eliminando cualquier posibilidad de superación individual.

Ahora bien, hay ciertos aspectos que me llevan a concluir que vivimos en comunismo. Por nombrar algunos se puede resaltar que en los países comunistas manda un sólo partido. El líder del partido es elegido por su predecesor sin más información al respecto. Nadie sabe realmente por qué Chávez eligió a Maduro. Ni hablar de que el chavismo hiciera unas primarias para elegir a su próximo líder. Al menos no mientras Chávez estuviera vivo.

A su vez, en los países comunistas habían distintos medios de comunicación. Sin embargo, todos mostraban información amistosa al régimen. Lo mismo sucede en Venezuela, según los medios nada malo ocurre, todo está perfecto, aquí no está pasando nada grave, vivimos en el país de las maravillas. Claro que en todos los países los medios se cuidan de no transmitir información en contra del gobierno, pero una cosa es ser leal a su país y otra es colocar una cortina de información. No se puede ocultar la realidad tan descaradamente.

Dado los controles gubernamentales, la medicina tampoco era la más eficiente. No enfermarse era el mejor plan de salud para sobrevivir. Como no hay aparato productivo, entonces no hay comida. Y como la comida es esencial para vivir (antes que enfermarse), pues la única manera de “controlar” que no se acabe y la población termine en una hambruna, es racionando.

Todavía queda en Venezuela el principio de la propiedad privada, pero es sólo eso, principio. Todavía quedan algunas empresas privadas que por trayectoria de décadas, aún siguen operando en Venezuela, lo cual daría la impresión de que no se está en comunismo.

Vivimos en un comunismo disfrazado de democracia, el Gobierno sólo se dedica a esquivar las cosas realmente importantes y centrar la atención en lo que les conviene.  ¿Qué hay de todas las expropiaciones que han llevado a cabo? Una de ellas acompaña la muerte trágica de un productor agrícola como lo fue Franklin Brito, quien murió a consecuencia de una huelga de hambre esperando que le devolvieran sus propiedades, ésta es sin duda una de las cosas más terribles que el gobierno ha hecho. Las confiscaciones acabaron con la producción nacional y las ganas y motivaciones de los empresarios de seguir trabajando para los venezolanos, además de aumentar el desempleo que provocó tan viles acciones.

El país se acostumbró con Chávez a que le regalaran las cosas, que sin hacer nada y sin trabajar, podías tener lo mismo y hasta más que aquellos que sí se esforzaban. Crearon gente mediocre. Ahora con Maduro ya no hay nada que regalar, los pobres son más pobres y los gobernantes son los nuevos ricos.

House Of Cards, una guerra entre políticos despiadados

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La imagen que nos venden: la política sucia y deshonesta. Ganadora de tres premios Emmy y dos Globos de Oro, House of Cards cuenta con un elenco increíble y con actuaciones magistrales. Y es que Kevin Spacey es uno de los principales motivos de mi fanatismo por la serie. La forma en que le da vida a Frank Underwood lo convierte en uno de esos personajes con los que tienes una relación amor-odio, sus hazañas te dejan incrédulo y sus ácidos y contundentes monólogos le añaden personalidad a este ambicioso político. Tiene una asombrosa capacidad de manipular a cualquiera para satisfacer sus propias necesidades.

Pero Frank no está sólo, tiene a su lado a su esposa Claire que es tan codiciosa como él. Juntos se complementan y arman un auténtico equipo que no tiene miedo de llegar a la cima del poder. En ningún momento se advierte que detrás de las decisiones de estos personajes se encuentre el bien común, el interés de hacer de la vida de los ciudadanos algo mejor.

House of Cards se trata de una serie dramática de política, que si bien es cierto entra en una categoría que no suele ser para todo público, su atractivo principal se centra en cómo los políticos de Washington son unas ratas que se pelean para conseguir un trozo de queso. Hay corrupción. Hay intereses personales. Hay ausencia de escrúpulos. Hay pasión. Hay amigos que son aún peores que los enemigos. Es todo un drama, pero un drama bien hecho. El objetivo central es el poder, y hasta donde se es capaz de llegar por obtenerlo… y sobre todo mantenerlo.

Como siempre, la política va de la mano de la prensa. Los altos cargos están corrompidos y la sociedad lo sabe perfectamente. Como los periodistas que intentan sacar adelante su trabajo por muy difícil que sea. No la tienen nada fácil porque hay cosas que nunca tendrían que salir a la luz pero, ¿y si ocurren?… Deben abstenerse a las consecuencias.

Sobran razones para darle una oportunidad a esta obra de Netflix, así que ponte cómodo, disfruta del piloto y envuélvete en la trama.